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lunes, 14 de febrero de 2011

Ombliguismo

Si buscáis ombliguismo en el diccionario de la R.A.E. no encontrareis una definición. Buscando en Google, que para estas cosas está más al día, podréis ver que es la condición de vivir mirándose el ombligo.

Lo de los premios de la Academia del Cine (vulgo “los Goya”) no fue ni más ni menos que un ejercicio de ombliguismo.

Reconozco que los vi un rato, y sin tener en cuenta que como hay que premiar hasta “al Tato”, tienen un ritmo frenético, de cajera de supermercado en fin de semana, no dejan de ser los premios que un gremio de profesionales se dan entre si.

Lo que no nos cuentan es que tras el glamour de la gala se encontraba un intento de que nadie le agüe la fiesta.

La 1 como ya hizo con anterioridad en aquel partido en el que se pitó al himno español, aplicó su sutil apertura de plano, y convirtió a los manifestantes que estaban abucheando a un colectivo que ha insultado a los ciudadanos llamándolos ladrones, a una ministra que legisla para sus amigos en vez de resolver los problemas de un país, y todos los demás robaplanos que se pasaron por una alfombra roja, que para mayor escarnio estaba patrocinada por Loterías del Estado.

Lo dicho lo de ayer fue un ejercicio de ombliguismo, suerte de que al menos las películas seleccionadas eran decentes, no como otros años.

Os dejo un vídeo de los fans que estaban aclamando a sus ídolos (según la 1).

Sed felices.

miércoles, 26 de enero de 2011

Una lección de honradez

Que el Director de la Academia del Cine, Alex de la Iglesia, dimita por sus ideas personales sobre una ley que le afecta, no deja de ser una excepción en un país en el que las responsabilidades se dirimen culpando a otros.

Una Ley que es rechazada en el Parlamento y socialmente, y que no va a tener más recorrido que el anecdótico ya que elude la naturaleza del problema para centrarse en como saltarse las barreras judiciales (que es lo único que busca la Ley Sinde), no es una ley que vaya a ser efectiva.

Puede que uno o dos sitios de descargas, los más descuidados, puedan cerrarse, pero eso no resuelve el problema. Puede que la Comisión de Cultura decida que no se puede emplear los protocolos P2P o sistemas de intercambio y persigan a millones de ciudadanos y empresas que los emplean. Puede que se limiten a reunirse y cobrar el complemento de reunión y no hacer nada…

Lo que no ha hecho la Sra. Sinde es dimitir. No, no ha dimitido cuando el Pueblo (que es lo que representa el Congreso) y la Sociedad le han dicho que no era ni el modo de enfocar el problema, ni el modo de resolverlo.

No dimite porque es un agente de la Industria de los Distribuidores. Lo dejó claro en la negociación del canon audiovisual, en el que se enfrentó a Industria.

Bueno, resumiendo: Creo que Alex de la Iglesia ha demostrado que se puede ser honesto y actuar en consecuencia cuando hay que hacerlo. No comparto sus ideas sobre este asunto, pero respeto su honestidad. Un ejemplo.

Sed felices.

martes, 25 de enero de 2011

La .music es mía (e Internet también)

Cuando hace unos años, construyendo una propuesta para un cliente, propuse el empleo de algunos programas de código abierto y una estrategia basada en Internet para el desarrollo del proyecto. El responsable comercial del área en la que estaba me comentó con una cara de entre desprecio y fastidio: “Eso no lo hacemos porque somos una empresa seria”.

Las empresas serias no jugaban en Internet. Eso era de pobres y “mataos” que no tenían dinero para invertir en “infraestructura seria”.

Hoy los tiempos son muy distintos. Las empresas serias han desarrollado el código abierto, apostando por él y reinventándose. Los pequeños empresarios han visto como las TI les permiten sobrevivir en los malos momentos (si es que no fallan otras variables) al hacerles más eficientes y permitiéndoles conseguir una mejor visión de sus productos.

Muchos músicos han promocionado su obra y han llenado salas de conciertos. Como empresarios tienen claro cuál es el producto que demanda su público.

Entonces, cuando mi esperanza en que las cosas van a cambiar está llegando a un positivismo patológico, llega la industria de la música y me echa un jarro de agua fría, y luego más tarde me intentan rematar con la redacción del “parche” a la Ley Sinde.

No lo entienden. No se han enterado de lo que es una URL, de lo que es Internet. Se está legislando, no para resolver un problema, sino para proteger a un modelo de negocio, que tiene que renovarse ante una realidad social distinta.

Se quiere volver a decidir quién puede o no imprimir un libro. Internet es la imprenta de Gutenberg, que hacía la cultura más asequible al pueblo. Los reyes rápido obligaron a que fuese necesario solicitar licencia para imprimir un libro. Por suerte, la Libertad de Prensa (de prensar, raíz de imprenta) puso fin a eso.

Las discográficas quieren controlar el dominio .music de modo que nadie pueda emplearlo más que ellas. No son los Reyes de antaño, pero si se quieren arrogar quién puede o no crear su negocio bajo dicho dominio. Es decir controlar el mercado.

En España las editoriales han creado su tienda en Internet para vender libros electrónicos. No hay mercado, dicen. Claro que si vendemos los libros electrónicos sólo un 33% más barato que uno físico… No vamos a estropear el negocio del papel, ¿no?

Se comienza por las cosas accesorias y se va a las generales. No creo que lleguemos a los mundos que Ray Bradbury, Neal Stephenson, Karel Capek, Stanislaw Lem o Philip K. Dirk, pero debemos estar atentos.

¿Acaba esto con la piratería? No. ¿Sirve de algo? No. Bueno, sí. Va a servir para que nuevos autores, creadores, empleen la Ciencia Ficción para hacer críticas social. Ya sabéis que sólo cuando el sistema oprime es cuando la Ciencia Ficción avanza.

Ya sabemos que dicen nuestros partidos. Veremos que es lo que el ICANN dice. Seguro que va a ser interesante

Sed felices.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Democratizando indebidamente algo

Si el título de la entrada te ha chocado, ya somos dos.

Estaba leyendo un artículo en la prensa sobre el modo en el que las series sobre forenses y policía científica están perjudicando a la Justicia a la hora de procesar a los malos.

Si bien muchos de los argumentos que se dan en el artículo son aceptables, esta frase me ha hecho saltar como un resorte: “Han dotado al efecto CSI tradicional de un componente divulgador que, en ocasiones, implica una democratización indebida de la ciencia”.

Y me pregunto, ¿qué es democratizar indebidamente algo? Entendemos que la Democracia – el gobierno de todos – amplia el significado en democratizar a hacer accesible a todos algo. Democratizar el deporte es reducir las barreras de modo que todo el mundo pueda acceder a él; o, democratizar Internet haciendo que todas las ideologías, y personas puedan disfrutar de ello.

Entonces, democratizar la ciencia debe ser hacer que la Ciencia sea accesible a todos; que los ciudadanos no se vean excluidos de esta y sea solo reducto de una serie de eruditos o conocedores de rituales exotéricos y alquímicos, una élite.

Creo que a Santiago Gimeno, el firmante del artículo, en este caso le ha debido patinar el lenguaje. No creo yo que desde un medio como “El País” se coquetee con la idea de que para que “los buenos” ganen, se necesita que la Ciencia no sea democrática, que la televisión o las películas no informen, que en el fondo sólo la élite sea la que tenga derecho a la información. Si es así, comprendo porqué se está de acuerdo con leyes que van en contra del libre acceso a la información, o las que pueden impedir la publicación de contenidos incómodos.

Democraticemos, que es bueno.

Sed felices.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Absolutismo Electrónico, el Nuevo Régimen

Como pude aprender hace poco, una de las funciones del Marketing es acercar las necesidades y preferencias del público a las empresas.

Dentro de la industria mundial, hay una que vende un producto de carácter especial: Cultura. Tanto las canciones de Lady Gaga, como las jotas, las canciones de Miguel Bosé o las cuecas; las películas de Lumiere o las de Cameron, pasando por Santiago Segura o Ed Wood; o los libros de Aristarco o Vargas Llosa, o de Cervantes y Shakespeare, del Marqués de Sade o Tao Yan-Ming, todos forman parte de nuestro acervo cultural, y por lo tanto parte de nuestro ser.

Hace un tiempo tuve que buscar un libro, “El americano feo (The Ugly American)”, un libro sobre la actuación de los EEUU en el Pacifico desde el final de la Segunda Guerra Mundial y antes del conflicto de Indochina, para una persona querida. Dicho libro lleva años descatalogado, y por lo tanto no podía acceder a él.

No hay fondos editoriales que puedas buscar para acceder al libro, obteniendo una copia cuando la necesitas, y eso que la tecnología existe. Tuve que obtenerlo a través del servicio de reprografía de la Biblioteca Nacional, tres meses más tarde, cuando de estar digitalizado podría haberlo obtenido en menos tiempo. Lo irónico del caso es que obtuve toda la información para poder hacer la solicitud de la copia por Internet: datos editoriales, año de impresión, etc.

En la actualidad, los precios de los libros electrónicos se colocan de manera que se desista de comprarlos y no rompan otras líneas de producción. La música ha ido aprendiendo, pero tras expoliar y quemar el mercado de la venta de música vendiendo productos de 6€ a 30€, pero ahora se quejan de las pérdidas millonarias que les supone la piratería.

La industria emplea Internet para transmitir “masters” (copias originales) a las filiales, para acortar sus puestas en el mercado, o para deslocalizar las empresas y obtener mayores beneficios. Esa misma Internet es la que sus clientes tienen a su disposición para poder evaluar productos y tomar mejores decisiones de compra. Una Internet que amenaza a los intermediarios acercando productores (artistas y autores) a clientes finales.

Nos cuentan la mentira de la pérdida de ingresos de los autores, pero sólo tenemos que ver como vivieron y murieron Cervantes, Quevedo, Lope, Valle-Inclán… Los que están perdiendo pingües beneficios son las distribuidoras, que dividieron el Mundo en zonas para controlar la distribución de películas, o que regulan que puede o no puede ver Vd. en televisión, que países van a ver un documental, y cuales no, etc.

Como ejemplo de como se pierde dinero por la piratería pongamos que supongo que voy a vender 250.000 copias del disco de Lady Baba a 40€, y sólo vendo 50.000 y tras bajar el precio varias veces. Las otras 200.000 se las cargo a la piratería y hago una nota de prensa quejándome de la inactividad del Gobierno, etc, etc.

La Ley Sinde no protege a los autores. Estos ya están protegidos por las leyes actuales. Es una Ley para los distribuidores, y los especuladores de la Cultura, que ven en Internet un enemigo y no un canal o medio de generar oportunidades.

Su rechazo en el Congreso anoche no es más que un espejismo. La coyuntura ha hecho que esta ley no salga tal y como estaba planteada, pero no hemos de bajar la guardia. Georges B. Clemenceau dijo una vez que “la Guerra es un asunto demasiado importante como para dejárselo a los militares”, y eso es lo que políticos e industrias deben pensar de Internet: “es un asunto demasiado serio como para dejárselo al Pueblo”.

Creo que el siglo XXI quiere parecerse al XVIII, creando un nuevo Absolutismo Electrónico: “Todo para el Pueblo, pero sin el Pueblo”. Bien, recuerden 1789.

Sed felices