Hoy, hace cuarenta años, el módulo Eagle aterrizaba en el Mar de la Tranquilidad, mientras el módulo Columbia orbitaba alrededor de la Luna. Esto es algo sólo comparable a la gesta de Cristóbal Colón cuando llegó a las costas de América.
Hoy tengo una sensación rara. Un deseo encontrado de haber querido formar parte de aquel proyecto, pero a la vez darme cuenta de haber formado parte de un cambio social provocado por el desarrollo de la informática y su puesta a servicio de la sociedad.
El ordenador que formaba parte del módulo Eagle tenía una memoria de 72Kbytes de ROM (menos de 590.000 ceros y unos) o la memoria de una lavadora, y una memoria ram de 4 Kbytes (32.768 espacios para cero o uno) para poder ejecutar programas. En 1.985, mis padres me compraron un ordenador con 32Kbytes de rom y 4Kbytes de ram, en 1.989 ya hablábamos de los 640K y hoy con menos de 4GBytes no compras un ordenador.
La Luna se alcanzó mediante reglas de cálculo, lápices, tinta y el uso de ordenadores tamaño armario para los cálculos más complejos. Hoy en día con todos los ordenadores que tenemos nos falta el valor de volver a la Luna.
Hoy hace cuarenta años que llegamos al borde de la siguiente frontera, un mar cósmico en el que debemos aprender a navegar, y para ello necesitamos introducirnos más y más en él.
Me gustaría poder ver la llegada del hombre a Marte antes de unirme al cosmos.