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miércoles, 27 de abril de 2011

Programación de energúmenos

Hay veces en las que me sorprendo del integrista que todos tenemos dentro.

Todos tenemos un energúmeno dentro de nosotros, una expresión del animal que es el ser humano y que sólo con mucha educación y formación conseguimos enmascarar durante un rato.

Grito_guerraNuestro país hace un esfuerzo por formar a nuestros jóvenes para que en el momento en el que la economía va un poco mejor abandonen los estudios por los ingresos a corto plazo, inunden las carreteras de coches de altas prestaciones y disparen los índices de consumo, como se hizo en la última burbuja.

Un pueblo es la televisión que ve. Las telenovelas muestran nuestros tabús, nuestros miedos y nuestras fortalezas. Los programas de sociedad, los concursos, los programas infantiles muestran con que soñamos, el nivel educativo que tenemos, o lo que nos preocupa la infancia.

Somos un pueblo demócrata, que nos da miedo imponer restricciones a lo que se puede ver o no. Las regulaciones, autorregulaciones, de la publicidad o los medios de comunicación no terminan de funcionar. La zorra no puede guardar a las gallinas, y siendo las multas menos dolorosas que los beneficios de saltarse las normas, el gobierno debería ser capaz imponer un régimen más duro de normas que controlen los contenidos.

No sólo las palabras, también las acciones y las actitudes son parte de la educación. No hace falta explicar más, sólo con dar una vuelta a las seis de la tarde por el dial del televisor da una clara idea de quienes somos, y lo lejos que estamos de quienes queremos ser.

Sed felices.

martes, 1 de febrero de 2011

Pestañas en 4D

Tener un sintonizador en el ordenador te permite poder escuchar la radio, o ver/escuchar un programa mientras trabajas. Esto siempre y cuando no afecte a la atención, creo que es más una ventaja, que un inconveniente.

En esta entente entre el trabajo y la información, aparecen de vez en cuando esas interrupciones comerciales que nos informan de los avances científicos en detergentes, alimentos, vehículos o productos bancarios.

make upYo no me recuerdo como un hacha en física. Algo mejor en matemáticas, pero dentro de lo normal, y hete aquí que cuando la industria audiovisual anda convenciéndonos de que incorporemos el 3D en nuestras vidas, una empresa de cosméticos nos muestra un rímel que es … 4D. Veamos esto de las 4D.

Lo de las dimensiones comienza con la dimensión 0. La dimensión 0 es el punto. Un punto no tiene ni volumen, ni longitud, ni extensión, ni nada. Es casi una idea.

Luego viene la primera dimensión (1D), que es la recta. Una recta ya se puede medir, se puede definir…

Tras la recta, viene el plano, la segunda dimensión (2D). El plano lo definen dos rectas que se cruzan. Es un poco complicado de ver, pero si en un papel hacemos dos líneas rectas podremos ver que pongamos como pongamos el papel, las rectas están sobre el plano.

No hace falta mucho para darse cuenta que la tercera dimensión debe ser el poner una recta más de modo que no se quede en el plano, y que entonces tenemos un volumen. La tercera dimensión es el volumen. La 3D de los cines.

¿Y la cuarta dimensión? Bueno, por desgracia, nuestros sentidos están limitados a las 3D, por lo que podemos comprender la 4D, pero no verla. Se asume que la cuarta dimensión se corresponde con el tiempo, de modo que la percibiríamos en la vida diaria de las cosas que se mueven y las que no. Puede que sea otra, pero a mi me vale esta explicación sin meterme en demostraciones más complejas.

Claro, que yo no soy físico, y que el rímel del que os hablo lo ha hecho una empresa que tendrá muchos de ellos. Según esta empresa (no digo marcas que no me pagan), las cuatro dimensiones para las pestañas son: “voluminizadas” (¿voluminosas?), alargadas, curvadas y separadas.

Ya he tirado a la basura los libros de física…

Sed felices.

miércoles, 1 de abril de 2009

No valgo nada

Hoy me he levantado pronto. Muy pronto para ser sincero, aunque no tan pronto como para acostarme tarde.

El caso es que me he metido en Facebook para ponerme al día y he visto un enlace de un amigo que le gusta algo. Hasta aquí lo de siempre: vas a una página, y comienzas a navegar por ese mar digital hasta que no llegas a ningún sitio, o te cansas.

El caso es que dicha página tenía un "banner" curioso en que declaraba que valía unos seis mil dolares. ¿Cómo se puede saber eso?

Pulsé en el enlace y acabé en la página de un individuo que declaraba que la suya valía más de seis millones de dolares, que había creado no se que algoritmo, y otras zarandajas similares, pero que tenía lo que me interesaba: una cajita para poner la URL de tu bitácora y que te dice cuanto vale...

Como podréis ver en la imagen adjunta, no valgo nada: cero con cero dólares. Y ese es el punto... ¿no valgo nada?

viernes, 20 de marzo de 2009

Métricas, datos e información

Vivimos en la Sociedad de los Datos, y no en la Sociedad de la Información. Hay una gran diferencia.

Todos los días somos bombardeados con infinidad de datos. Si tuviésemos información, tomaríamos mejores decisiones, y por lo tanto nos iría mejor. Dada la situación actual, creo que podemos abandonar esa hipótesis.

Los datos han de ser trabajados para obtener información. Es similar a lo que hacemos con las uvas para obtener el vino. Ese proceso de extracción de la información de los datos es lo que determinará si obtendremos o no una información valiosa. Como en el vino, la selección de las mejores uvas, nos proporcionará mejor producto para nuestro vino.

No es trivial el proceso, pues requiere ante todo que tengamos preguntas por contestar, y cuanto mejor la pregunta, mejor han de ser los datos que proporcionen la información. Mejores no significa que sean más complejos, sino los más adecuados.

Pongamos un ejemplo: "Un Consejero de Sanidad cualquiera de una Comunidad Autónoma Excelente cualquiera, quiere comprobar el nivel de excelencia en el trato a los clientes, perdón, pacientes en un Centro de Salud cualquiera. ¿Qué datos puede buscar?"

Hay dos datos que son medibles: Número de clientes (perdón, pacientes) tratados por médico, tiempo de acceso al servicio (desde que llamas para pedir cita hasta que te atiende el médico), tiempo medio de espera en consulta para ser atendido.

Seguro que hay más, pero no soy Consejero, por lo que no se me ocurre cosas como índice de reclamaciones sobre la limpieza de los edificios o la preferencia por médicos privados o públicos del personal contratante de la primera parte...

Dato de campo: En una Centro de Salud cualquiera, una hoja de citas muestra una entrada cada tres minutos para cada médico, es decir que el médico atiende cada tres minutos a una persona, o veinte pacientes a la hora, o unos cien pacientes al día (considerando sólo los pacientes en cinco horas), más lo que les salga.

Desde datos propios, rara es la vez que uno accede al doctor el mismo día que llama, siendo lo habitual que nos den cita para el día siguiente, y a veces a los dos días. Podemos consensuar que en ese centro tomado como medida, lo habitual es que lo dejemos para mañana (24h).

Lo bueno de los sistemas de cita previa es que te dan un papelito. Sí, te dan un papelito que es como el de las galletas de la suerte: te dicen algo sobre tu futuro que no tiene porqué coincidir con la realidad, pero que te llena de esperanza (Le atenderá el Dr.X a las XX:XX).

La realidad es que eres un afortunado si te atienden con menos de media hora de retraso, lo que está hecho con intención terapéutica: si vas al médico, y no hay nadie y te atienden a tu hora, parece que toda la población está sana, y tu eres el único enfermo, lo que te deprime. Por otro lado, si vas al médico y hay doscientas personas, con dolencias varias, con todo tipo de colores de tez, con sus sudoraciones y quejidos, sonidos de pañuelo y cualesquiera otros signos de dolencia que nos podamos imaginar, uno piensa que no está tan mal y ya casi no necesitas al médico. Te curas en la Sala de Espera.

Visto esto, hemos encontrado la información: Una Sanidad Excelente es aquella en la que te atienden mañana o pasado, en la que tienes que esperar más de media hora en una sala atestada (en la que te curas), mientras el médico tiene sólo tres minutos para saludarte-escucharte-analizar-mirar-decidir-recetar-encomendarse-despedirse-resetear-"paseelsiguiente".

Por eso digo que vivimos en la Sociedad de los Datos, y no de la información. Si tuviésemos esta información, tomaríamos mejores decisiones cuando llega el momento de tomarlas.

viernes, 13 de marzo de 2009

Numancia

Numancia, esa de cuando éramos pequeños, que era una villa íbera que se enfrentó, junto con Sagunto al Romano invasor, es un paraje interesante a las afueras de Soria.

Una vez, veraneando en Zaragoza, hicimos una excursión para ver los restos de la villa, y conocer un poco mejor la historia de este país. El guía te hace ver las colinas en las que estaban los campamentos romanos de Escipión, y uno puede hacerse a la idea de lo que tuvo que ser aquel desmadre: los unos queriendo ser nacionalistas íberos, y los romanos globalizándolos.

A que viene esto. Pues simplemente a las quejas del sector del cine español. Se quejan de que la gente no va al cine, y no se plantean el tipo de películas que ofrecen a los 10-12€ de vellón que se viene a dejar uno por cabeza al ir al cine (he incluido las palomitas).

Se les olvida que los espectadores son ante todo consumidores, es decir, clientes. Y como clientes, vamos a lo que nos aporta más por nuestro dinero, en este caso satisfacción.

Si en vez de muchas comedietas que se hacen para que gente que tiene tarjetas de visita indicando que son directores de cine, guionistas, etc, y que no alcanzan un nivel mínimo de calidad, se esforzaran por ofrecernos a los espectadores (recuerden que somos clientes) un producto de calidad, habría menos crisis del sector.

En la posguerra, los cines se llenaban. La gente necesitaba evadirse. Hoy en día los cines se vacían. La gente necesita evadirse, y la culpa no es del P2P (la gente va más a conciertos, aunque se venden menos CDs). La culpa es de que un producto defectuoso y caro no es bueno y barato.

¡Vale! Paro, y vuelvo a Numancia. Imaginemos que una productora española quiere hacer una película sobre el asedio a Numancia. Imaginemos también que alguien en Hollywood hace una película sobre el mismo tema.

En la española (90') habría una historia de amor entre una íbera (¿P.C.?) y un romano que salva a su hermano que se dedica a meter comida en la ciudad asediada. El romano es detenido por traidor, el hermano muere ahogado en el río, ella se enfrenta a los cobardes que quieren rendirse, y acabamos la película oyendo como tocan las trompetas romanas antes del asedio final. En el fondo ya nos sabemos la historia, ¿no? La banda sonora, algo étnica, algo andalusí, y con pocos músicos, en plan intimista.

La promoción se haría de la forma habitual.

En la de Hollywood (135') habría un general romano (¿T.C.?) atormentado por los inocentes que van a morir por los opresores dirigentes íberos y que intenta salvar a los íberos que se escapan como pueden de la ciudad para hacerse ciudadanos romanos y algún detalle saludable como una ensalada de tomate (que estamos en la cultura del cuidarse) o algo así.. 75' de batallas con ballestas, catapultas, explosiones de aceite ardiente, legiones por aquí, por allá. Banda sinfonica de 101 maestros para la banda sonora en tono épico.

La promoción se haría de la forma habitual.

¿A cuál de las dos se irían a gastar 10€ de entrada? Pues eso.

PS - Gracias a Dios, en este país hay buenos directores, buenos guionistas, y buenos actores, pero no son los que hacen la mayor parte de las películas.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Libertad de elección en el software

He leido esta mañana en el "blog" de Azag una entrada sobre la elección de software libre frente al software privativo.

Soy usuario de software libre porque no creo que sea correcto tener instalado un Windows "pirata" cuando puedes instalados otros sistemas operativos que funcionalmente me permiten hacer lo mismo.

Como no voy a entrar en el debate de si software libre o privativo, pues es equivalente a entrar a discutir sobre martillos de una marca o de otra, paso a exponer lo que pienso sobre la "libertad de elección".

Para poder elegir es necesario tener y conocer las opciones que existen . Hoy en día es muy difícil poder "elegir" software para un usuario corriente dado que el mercado ha aceptado como norma la preinstalación de software cuando compramos hardware, y sólo tenemos una opción en la mayoría de los casos (con lo que la elección no es posible). Por otro lado los fabricantes, de hardware, se han “acostumbrado a descargan” parte de la funcionalidad que debería desarrollar el hardware en el software que lo acompaña (normalmente sólo para Windows), haciendo imposible su uso de otro sistema operativo con su hardware. Esto sucede con el hardware de gama más bajas (y por ello más baratas y con mayor difusión), dado que los de gama media y alta se destinan a un publico más especializado y que busca prestaciones concretas.

Dado que la industria ha llegado a un acuerdo entre los proveedores de hardware y algunos de software, creo que para que exista libertad de elección para los consumidores y usuarios, esta ha de ser impulsada desde los organismos de Consumo, que deben velar por que los consumidores (técnicos o no) tengan a su disposición alternativas que les permitan decidir que necesitan y quieren. Mientras no se obligue a presentar opciones variadas a los consumidores, la cosa quedará como está.

En el caso de los usuarios profesionales (empresas, autónomos y profesionales liberales) estaríamos desde la opción de un consumidor corriente a necesidades muy específicas que deben ser tratadas caso a caso. Es en este punto donde (como profesional) he encontrado siempre que es muy difícil poder encontrar la información correcta sobre las capacidades de cada producto y opción (hasta el punto de ser necesario a veces realizar estudios concretos sobre cada producto), o esta información es tan cara que está fuera del alcance el obtenerla.

Como ya me he extendido bastante, diré que el software libre es tan bueno y tan malo como lo puede ser el software privativo, aunque debido a la enorme bateria de “probadores” que tiene detras, hay opciones de software libre que son muy superiores a sus equivalentes privativos. Esto no es generalizable, pues cada aplicación tiene unas características propias que han de ser analizadas en cada caso, y lo que puede ser adecuado para un usuario, sería totalmente inoperante para otro.

Es en la accesibilidad a la información sobre los productos y los productos mismos, en los que podemos establecer nuestra libertad de elección.