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viernes, 8 de abril de 2011

La (mal llamada) violencia de género

Que no podemos agradar a todos es un hecho, al igual que lo es que no puede ser que no agrademos a nadie. Dicho esto, todos y nadie se convierten en límites para cualquier catalogación.

Leyendo en la prensa un artículo escrito más con las tripas que con el corazón, sobre la yo creo mal llamada “violencia de género”, y que creo que se corresponde más con “violencia familiar”, es claro que muchos opinan que sus creencias deben ser compartidas por todos, y las contrarias por nadie.

No creo que sean muchos los que opinen que está bien establecer una relación no paritaria con nuestras parejas. La definición de paritario en cada pareja debe ser hecha por ellos/ellas de modo que no sea estática, y pueda acomodarse a su realidad, cualquiera que esta sea.

De este modo, se reduciría uno de los factores de la violencia: el acúmulo de poder dentro de la pareja, que hace de uno de los miembros (ya sea hombre o mujer) el elemento dominante. Me faltan datos en las estadísticas: ¿cuantas mujeres han sido asesinadas por sus esposas? ¿Y cuantos hombres por sus esposos o esposas?

Con familias formadas de manera distinta a la tradicional, esta es una lucha mucho más compleja que la de perseguir maltratadores, pero es una lucha necesaria si queremos que la sociedad en el futuro sea más justa.

Recordemos que nuestros hijos reproducirán en todo o en parte lo que vean que hacemos.

Sed Felices

martes, 29 de marzo de 2011

¿Por qué no entendemos a las mujeres?

Escuchando a Claron McFadden jugar con su esplendida voz en una conferencia del TED, me viene a la cabeza una noticia sobre la necesidad de cambiar las voces de los avisadores automáticos (“Próxima estación…”) de voces femeninas a voces masculinas.

Aunque los hombres llevamos siglos diciendo que no entendemos muchas veces lo que nos dicen, razón por la cual hemos sido centro de puyas y chanzas por parte de las mujeres, la verdad es que la integración de los deficientes visuales a la vida diaria, y la miniaturización de la electrónica, ha permitido desarrollar estudios que antes no se planteaban sobre la legibilidad de las voces masculinas y femeninas.

Cuando una mujer ciega dice que escucha mejor la voz de un señor avisando la llegada a una estación que la de una señora, lo que viene a confirmar es algo que se sabe desde hace mucho tiempo: los sonidos graves se distorsionan menos que los agudos.

La voz de los hombres es más robusta ante el ruido, permitiendo que su distorsión sea menor y se transmita más lejos (poco más) que la voz más aguda de la mujer. Los tonos agudos tienden a distorsionarse con mayor facilidad, haciendo que baje su alcance efectivo.

Por el contrario, es más fácil transmitir grandes cantidades de información a frecuencias más altas que a las bajas. Es decir, que a los hombres se nos entiende más claro, aunque contamos menos, que a las mujeres, que son capaces de contar más.

Así que veo que vamos a ir cambiando las voces para que cada uno se quede con lo que mejor puede hacer. Nosotros nos quedaremos con simplezas como “Próxima estación…” y os dejaremos a vosotras las cosas de más enjundia, como las arias de Verdi.

Sed felices.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Igualdad de oportunidades

Leyendo este artículo es la segunda vez en menos de una semana que se me plantea el tema de la igualdad de oportunidades.

Es un tema complejo, ya que son muchos los factores por los que alguien se puede sentir discriminado: edad, sexo, presencia…

Una cosa que me ha llamado siempre la atención es que en las tiendas de perfumería no me ha atendido nunca un chico. Ni joven, ni maduro, ni nada. Si me han atendido desde señoritas que difícilmente tenían la mayoría de edad a venerables señoras cercanas a la jubilación. Todas ellas con una cortesía y amabilidad que raya en lo exquisito, pero nunca me ha atendido un hombre.

Sinceramente, yo no quiero la opinión de una mujer sobre mis perfumes. La única opinión femenina que quiero es la de mi esposa, pero estoy abierto a las opiniones de otros hombres sobre nuestros perfumes. ¡Somos nosotros los que los usamos! Me gustaría que me dijesen “con este perfume te sientes como el Rey del Mundo”, o “es un perfume para tíos con lo que hay que tener”. No son razones que una dependienta me vaya a proporcionar…

Por desgracia, dudo que se contrate a un hombre en un puesto que está claramente discriminado para ser ocupado por mujeres. Lo que hago es que voy con un amigo, o con un hermano, o con mi padre y escucho su opinión.

Volviendo al artículo, en él se presentan dos puntos de vista opuestos. Por un lado la aplicación de las mismas reglas para todo el mundo sin distinción de sexo, por otro lado la necesidad de variar los requisitos para las mujeres dado que no pueden cumplir con los varemos establecidos.

Creo que la justa es la primera. Pongamos el caso de que una mujer aprueba con unos tiempos que a un hombre le eliminan. Dado que las pruebas son para la realización de un trabajo, esto significa que una mujer ha de estar menos capacitada que un hombre para realizar el mismo trabajo, o lo que es lo mismo: el hombre ha de demostrar más capacidad de lo que la mujer tiene que hacerlo para ocupar un puesto.

Como creo que estamos claros en que este argumento es el que se blande para luchar por la igualdad de oportunidades, la creación de criterios sesgados puede ser un problema más que una solución.

Tenemos un gran camino aún por recorrer y debemos recorrerlo juntos, tanto hombres como mujeres, para conseguir que algún día, esto no sea ni una noticia, ni una entrada en un blog.

Sed felices.