Mostrando entradas con la etiqueta café. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta café. Mostrar todas las entradas

jueves, 13 de octubre de 2011

Una de café

No a todos los que dicen que les gusta el café, les gusta realmente. Para ser un buen cafetero has de ser capaz de no conformarte con ese engrudo oscuro con sabor a caramelo líquido requemado que se sirve en muchos sitios.

No voy siquiera a considerar como café a las infusiones que anglosajones y germanos hacen con los granos de la coffea arabiga L.

cafetera-francesaEl café, como cualquier otra ciencia, requiere de tiempo, aprendizaje, experimentación y muchas ganas de aprender. El tipo de grano, el tipo de molido, la cafetera, la temperatura del agua, el tipo de agua, los complementos, e incluso el tipo de taza pueden llegar a afectar de tal modo a la experiencia de su aroma que es necesario ser paciente y cariñoso en extremo.

Con cientos de miles de opciones, es inútil intentar abarcar la totalidad de la preparación de un buen café. Se puede, al modo de los griegos y fenicios, comprender un poco de su extensa geografía, permaneciendo en sus costas, y sin llegar al conocimiento profundo de su interior.

Ayer, por suerte, di con una combinación excelente para el moka que comparto con vosotros.

Para 6 tazas:

  • Café en grano arábiga 100% tueste natural (preferiblemente colombiano)
  • Agua (utilizar agua embotellada si las aguas no son blandas)
  • Dos cucharadas de cacao en polvo
  • Una pizca de pimienta molida, preferiblemente de mezcla de pimientas.
  • Una pizca de sal.
  • Cafetera francesa (de émbolo)

Moler el grano grueso, para cafetera de émbolo, justo antes de la preparación del café. Llevar el agua a ebullición y dejarla reposar mientras depositamos el café en la cafetera, añadimos las dos cucharadas de cacao, la pizca de sal y la pimienta.

Remover la mezcla ligeramente, y echar el agua (debe estar a unos 95º C más o menos en ese momento) en la cafetera. Dejar reposar unos minutos.

Ya tenéis un café moka. La pimenta y la sal ayudan al agua a extraer los aromas y las propiedades del café, mientras que el cacao le aporta ese toque exótico del moka.

Probad con cardamomo, con canela, con otras especias e id poco a poco descubriendo la sensualidad del café. Toda una experiencia para la boca.

Sed felices.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Buscando perlas…

Tras un largo día, ayer me disponía a cenar una nueva receta de pollo con berenjena que hábilmente estuvo cocinando mi mujer.

Con el cuerpo dolorido por la tensión acumulada, estaba abriendo una cerveza negra para acompañar tan rico plata cuando sonó el teléfono y la inconfundible voz de mi amigo Juan Pedro sonó al otro lado.

Experimenté en ese momento una experiencia extraña, casi paranormal. Por primera vez en muchos años, hablaba con Juan Pedro sin que el olor del café nos envolviese con su aroma.

Situación anómala donde las haya, la ausencia de cafeína en nuestra conversación, no alteró el discurso, pero me hizo confesarle algo que llevaba años sin decirle, y guardándome en silencio (no,no son las hemorroides…): me había comprado un libro suyo hace años… y quería que me lo dedicase.

Hay momentos en los que sorprendemos a los demás, pero lo que más puede sorprender a otros es que les confesemos que ellos nos sorprendieron antes.

El libro de Juan Pedro (y me permito hacerle publicidad) “El secreto de los buscadores de perlas”, editado por Siruela, lo compré antes de reencontrarle. Como le decía anoche a su autor, es un libro que me despertó una experiencia olvidada, o al menos lejana.

Su libro me supo a aquellas tardes de verano, cuando contaba con unos doce años, en las que sustituíamos las siestas por las aventuras de los Tigres de Mompracem (Salgari), o las luchas de Wilfredo de Ivanhoe (Scott), las maquinaciones de John “Long” Silver (Stevenson) o Miguel Strogoff (Verne).

No es que le compare a él con Salgari, Verne, Scott o Stevenson, que no lo hago, sino que le dije que me sentí como aquel chaval.

Quedamos en hablar para tomarnos un café, seguir con nuestras cosas y casos, es decir seguir viviendo, y siendo amigos.

Cuando volví a la cena, estaba fría por fuera, pero me supo aún mejor.

Sed felices.

viernes, 24 de abril de 2009

Puagh


Puagh fue una banda de punk que arrancó a inicios de los 90 y se disolvió recientemente. Pero mi entrada no es sobre ellos.

El onomatopéyico título de esta entrada es la sensación que me ha producido el café de esta mañana. Un café robusto y nada arábigo, recomendado para saborear después de comer, entiendo que para paladares embotados de Chinchón y de oreja con patatas.

Descargada la primera andanada, he de ser honesto y decir que el culpable de la desgracia de esta mañana he sido yo. Sí, soy culpable de haber comprado el café en grano mezcla de Mercadona, el cual me habían recomendado como un café más que aceptable para por las mañanas, pero evidentemente no equiparable al Costa Rica que venía tomando.

Soy culpable por no haber hecho caso de mi instinto, el cual intuye cuando un café es malo. Bueno, mi instinto, y mis ojos, pues es tan fácil como observar cuando un café indica que es arábiga (como el de Colombia) o cuando no lo es.

La especie robusta del café es un café de muy segunda categoría que tiene un sabor muy basto y se emplea fundamentalmente para engordar cafés más aromáticos y fuertes de modo que perdiendo algo de calidad, cunda más. Es un café típico de Brasil, aunque he de decir que en la familia de las robusta hay clases y clases. Este de Mercadona debía ser el primo pobre desheredado y recién salido de un penal tras una larga condena a trabajos forzados.

Claro que estaréis pensando, pero si los has comprado tu, ¿de qué te quejas? Pues de eso, de haber caído en una trampa de aroma (el grano huele bien), pero insufrible al paladar. Esa, y sólo esa es la explicación del título de la entrada.

¡Puagh!